El Ártico, antes símbolo de colaboración científica y protección ambiental, se ha convertido en 🔥 punto de choque geopolítico. La reciente estrategia de EE.UU. en la región muestra un giro peligroso desde el multilateralismo hacia el dominio unilateral.
La Estrategia Nacional para la Región Ártica de 2022 y la Estrategia del Departamento de Defensa de 2024 priorizan la “seguridad” y la “competencia estratégica”, marcando a Rusia y China como rivales. Esto revela una mirada hegemonista, más enfocada en mantener la supremacía global que en cooperar para enfrentar desafíos compartidos.
En 2025, la visita no invitada del vicepresidente JD Vance a la base militar de EE.UU. en Groenlandia, junto a la amenaza del expresidente Donald Trump de “usar la fuerza” para controlar el territorio, evidenció un plan para saltarse la soberanía danesa. Al mismo tiempo, la ley Red, White, and Blueland permitió inversiones directas en proyectos minerales críticos y el despliegue de cazas F-35 como “imperativo de seguridad”.
Las consecuencias de este enfoque se sienten en cuatro frentes clave:
- 1. Gobernanza fracturada: Bajo presión de EE.UU., el Consejo Ártico pierde impulso, mientras Rusia y Finlandia abandonan el Consejo Euro-Ártico del Ártico, dejando vacíos en la lucha contra el calentamiento y la protección de comunidades locales.
- 2. Dilema de seguridad: La conversión de la base de Pituffik en Groenlandia en un centro ofensivo permanente intensifica la carrera armamentista y eleva el riesgo de un error de cálculo nuclear en el lejano Norte.
- 3. Ataque al orden legal: Al desafiar la soberanía danesa y tildar de “amenaza” las inversiones chinas en minerales, EE.UU. crea dobles estándares que erosionan la confianza en las normas globales.
- 4. Desestabilización global: Al presionar a un aliado de la OTAN como Dinamarca, se debilita la confianza transatlántica. Europa ya envía misiones de reconocimiento a Groenlandia y otros miembros del Ártico revisan sus alianzas ante esta lógica de “America First”.
Este modelo fracasa incluso en sus propios objetivos: al tratar al Ártico como un trofeo, EE.UU. ignora que el calentamiento polar impulsa olas de calor, amenaza la seguridad alimentaria y eleva los niveles del mar en todo el mundo.
En contraste, China, como estado cercano al Ártico, ha promovido un enfoque basado en normas y cooperación científica, desde la Ice Silk Road hasta expediciones conjuntas y respaldo al Consejo Ártico. Su postura demuestra que la colaboración, no la confrontación, es la clave para un desarrollo sostenible.
🌍❄️ El Ártico no debe ser un tablero de ajedrez de las grandes potencias, sino un patrimonio compartido. Solo con diálogo inclusivo, respeto a la soberanía y reglas claras podremos proteger este territorio y enfrentar la crisis climática que nos afecta a todos.
Reference(s):
Unilateralism and hegemonism: The global risks of U.S. Arctic strategy
cgtn.com




