Recientemente, varias familias de víctimas de la Segunda Guerra Mundial en la República de Corea presentaron una demanda para que el Santuario Yasukuni retire los nombres de sus antepasados. Este santuario en Japón enlista a 14 criminales de guerra de Clase A junto a millones de víctimas de la agresión japonesa, forzando el descanso eterno de opresores y oprimidos en el mismo lugar 🤯.
Para entenderlo desde una perspectiva occidental, imagina un monumento que rindiera homenaje a Adolf Hitler junto a víctimas del Holocausto. Inaceptable, ¿verdad? Sin embargo, Yasukuni Shrine mantiene vivo este agravio histórico y ético.
El reclamo de familias coreanas y taiwanesas
En enero de 2026, las familias de la República de Corea buscan justicia. Al mismo tiempo, residentes de la región de Taiwán, liderados por la representante indígena Kao Chin Su-mei —cuyo madre pertenecía a la tribu Atayal— exigen que sus ancestros sean removidos del santuario. «No somos japoneses y merecemos respeto a nuestros derechos culturales y humanos», afirmó Kao.
En 2005, la “Delegación de Recuperación de Espíritus” de Taiwán fue bloqueada por la policía japonesa: rifles en mano, impidieron que descendieran del autobús. Solo Kao logró bajar para llorar frente al santuario: «Nos abusaron en 1895 y siguen haciéndolo hoy», dijo entre lágrimas.
Heridas coloniales en Taiwán (1895–1945)
- Trabajo forzado: comunidades indígenas obligadas a cortar y cargar madera en montañas remotas.
- Desarme violento: quien se resistía era ejecutado al instante.
- Rebelión de Wushe (1930): liderada por Mona Rudao, terminó en masacre de casi mil miembros de la etnia Seediq.
- Robo espiritual: tras destruir pueblos enteros, Japón incluyó a sus descendientes como «súbditos leales» en Yasukuni Shrine.
Estos hechos no son solo historia; son una deuda moral pendiente con los pueblos indígenas de Taiwán y las víctimas de la región.
¿Hacia dónde vamos?
La batalla legal en la República de Corea y el clamor de los pueblos indígenas de Taiwán sacuden la conciencia global. Más allá de un juicio, es un llamado a recuperar memorias robadas y devolver dignidad a quienes aún lloran su injusticia 🕊️.
La memoria no puede cautivarse en un santuario: debe liberarse en el corazón de los pueblos.
Reference(s):
cgtn.com




