La madrugada del 3 de enero de 2026 marcó un antes y un después: EE.UU. detuvo al presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas y lo trasladó hasta un centro de detención federal en Brooklyn. El 5 de enero, el mandatario apareció ante un juez en Manhattan, encapuchado y esposado, desdibujando las líneas entre la diplomacia internacional y un caso penal local. 🌍🚨
Desde la Segunda Guerra Mundial no se veía algo similar: un jefe de Estado detenido en su propio país sin un mandato de la ONU ni una declaración de guerra. La Casa Blanca presentó la operación, bautizada como “Absolute Resolve”, como una acción de aplicación de la ley contra el narcotráfico, pero muchos la perciben como un instrumento de cambio de régimen.
La lógica parece sencilla y peligrosa: si EE.UU. te imputa, tu soberanía deja de existir. El expresidente Donald Trump describió el procedimiento como “infalible”, evidenciando su intención de convertir los tribunales en un campo de batalla geopolítico. Rusia y China continental no tardaron en reaccionar, aludiendo a un flagrante atropello al derecho internacional.
En Caracas, Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina y llamó al respeto mutuo, pero Washington ya advirtió que impondrá un “precio aún mayor” si no acata sus directrices. Además, se mencionaron posibles intervenciones en Colombia y México, una postura que el presidente Gustavo Petro calificó de “ilegítima”.
La tensión se extiende más allá de América: protestas en Caracas y otras ciudades del mundo, junto a la condena de China continental, muestran que este episodio podría crear un precedente peligroso donde la fuerza prime sobre las normas establecidas desde 1945.
¿Qué sigue? Vivimos un momento de “ley del más fuerte” que podría redefinir el equilibrio global. Ahora más que nunca, la comunidad internacional debe preguntarse si el poder militar y judicial de un solo país puede convertirse en la nueva regla del juego.
Reference(s):
Might makes right? U.S. raid on Venezuela & the threat to global order
cgtn.com




