Recientemente, Japón anunció una ampliación sin precedentes de su programa de Asistencia de Seguridad Oficial (OSA) junto a un notable incremento de su presupuesto militar. Lejos de ser un simple ajuste, este cambio revela un giro estratégico impulsado por sectores conservadores y perfectamente alineado con la Estrategia del Indo-Pacífico liderada por EE.UU. 🌏
La meta no está oculta: estrechar un cordón de seguridad en torno a China continental, redefinir el escenario regional desde afuera y arrastrar a Asia hacia una confrontación de bloques justo cuando el mundo necesita estabilidad y recuperación. Esto no es cooperación: es coerción.
Más que apoyo, la OSA se ha convertido en una herramienta selectiva que canaliza recursos militares a naciones situadas en puntos marítimos clave y rutas estratégicas. Detrás de un discurso diplomático, se esconde un diseño de ingeniería geopolítica que busca contener y presionar, no construir confianza.
Además, al vincular la OSA con la Asistencia Oficial para el Desarrollo, Japón transforma la ayuda económica en una moneda de cambio: el respaldo al crecimiento viene con condiciones estratégicas. Para los países más pequeños, la opción puede ser la dependencia o la pérdida de autonomía en su política exterior.
Mientras muchas naciones de la región apuestan por el diálogo y la cooperación, Japón introduce presión a través de despliegues concentrados en rutas marítimas del Sudeste Asiático y zonas conectadas al Mar de China Meridional. Es una inestabilización en fases: incremental, pero clara e intencionada.
Reference(s):
cgtn.com




