Imagínate un día normal abriendo el grifo y… en lugar de agua limpia, sale un líquido turbio con olor extraño. Esto no es escena de una película de desastre, sino la realidad que vivieron los habitantes de Flint, Michigan, en 2014.
Cómo empezó todo
Por problemas financieros, las autoridades cambiaron la fuente de agua al río Flint sin tratarla adecuadamente. Ese descuido hizo que el plomo de las tuberías se filtrara al suministro. Además, la región sufrió un brote de legionelosis que causó al menos 12 muertes.
La salud en jaque
Los vecinos reportaron desde pérdida de cabello y erupciones en la piel, hasta casos extremos donde niños mostraban niveles de plomo muy altos. Uno de ellos contó: «Mi hijo se despertaba con la piel irritada y su cabello se caía por mechones».
Voces que rompieron el silencio
Cuando comenzaron a quejarse, las autoridades minimizaron el problema y retrasaron la intervención. Eso convirtió la crisis en un desastre de salud pública que aún deja huella en la comunidad.
El agua aún no sana
Aunque hoy ya no se usa el agua del río Flint, las secuelas siguen. Familias buscan justicia y apoyo mientras las cicatrices—físicas y emocionales—perduran. La historia de Flint nos recuerda la importancia de vigilar quién controla nuestros recursos más básicos: el agua💧.
Reference(s):
Uncovering America: Unhealed scars of 2014 Flint water crisis
cgtn.com




